La manera más simple de refrescar un vino es
sumergirlo en un recipiente para hielo lleno de una mezcla de agua
y cubitos de hielo. Esto permitirá conservarlo a una buena
temperatura durante toda la comida. Si se cuenta con más tiempo,
se puede enfriar los vinos en el refrigerador, pero jamás en
el freezer. Un recipiente isotérmico conserva la temperatura
durante unas 3 horas.
Mientras más alta la temperatura, más pesada parece
la "suavidad" y más mordiente la acidez. Esta es
la razón por la cual se refrescan los vinos blancos secos.
Los vinos dulces y los generosos en alcohol se beben incluso más
frescos.
La temperatura tiene un efecto sobre el desprendimiento de gas carbónico,
que tiende a desprenderse con más fuerza cuando se eleva la
temperatura, por esto el Champagne y los vinos espumosos se sirven
muy frescos, para el desprendimiento del gas, limitado de esta forma,
resulte agradable. |
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