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En general, se recomienda beber los vinos blancos cuando están
jóvenes y expresan toda su aromaticidad y frescor. Por lo
tanto, no conviene guardar un vino blanco más de un año,
salvo algunas excepciones como el caso de un gran reserva o un Chardonnay
fermentado en barrica, en que el tiempo de guarda puede aumentar
a 2 o 3 años. Pasado este tiempo pueden adquirir un aroma
oxidado (ajedrezado) y, a la degustación, los encontramos
más planos. Los vinos tintos pueden conservarse por más
tiempo, dependiendo de su estructura. Esta está dada por
la concentración de taninos, los que le otorgan un cuerpo
capaz de soportar la guarda. El tiempo de guarda puede ir de 1 a
6 años en general, pudiendo los Cabernet Sauvignon de gran
cuerpo llegar incluso a 10 años.
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